La Condición humana, la felicidad y Dios. Aldo Fídel Gómez

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Descripción

El hombre y su pregunta del “para que”

Dios es un misterio y, por consiguiente, no logramos entender todos sus designios. Pero, desde lo superficial e inmediato, la experiencia humana también es un misterio… Y sólo desde el interior del hombre, por la inteligencia o por la fe, es posible encender una luz…. Ése es el objetivo de estas páginas.

Indice

Dedicatoria
Prólogo
Capítulo 1
El hombre, punto de partida

  1. 1. Partimos en busca de la felicidad
  2. 2. Felicidad ¿desde la infelicidad?
  3. 3. La felicidad, ¿una utopía?
  4. 4. El atajo alternativo: buscar hacia dentro

Capítulo 2
Dios, deseado y deseante

  • 1. Dios, un problema humano
  • 2. Amplitud de la idea de Dios
  • 3. La formulación de un concepto sobre Dios
  • 4. ¿Es posible y suficiente una fundamentación racional de la afirmación de la existencia de Dios?
  • 5. El hombre y su entorno espacio-temporal: identidad y diferencias
  • 6. ¿Es adecuado hablar de Dios en el lenguaje humano?
  • 7. La palabra, el ser y Dios: El lenguaje analógico como revelación y velación
  • 8. La “inutilidad” de Dios
  • 9. El Dios que nos deja: la ausencia de Dios
  • 10. El “Dios ausente” y el “hombre libre”

Capítulo 3
La pregunta sobre la libertad

  • 1. La libertad humana
  • 2. El “problema” de la felicidad
  • 3. Felicidad, ficción, simbolismo y mística
  • 4. Una lectura de la felicidad desde la propuesta de la fe: El plan de Dios hacia la plenitud humana
  • 5. Pero, si vamos a morir... .¿aún es posible hablar de felicidad?
  • 6. Huellas orientadoras del Plan de Dios para el acceso a la Felicidad

Prologo

Tenía yo unos 12 años cuando sentí entrar en ese maravilloso y deslumbrante “jugar a las escondidas con la vida”, ese apasionante “des-encuentro con la existencia” que llamamos adolescencia, en la que descubrimos la euforia del vivir, junto con las primeras y profundamente humanas angustias…

Pastora, la hermana menor de mi madre, con quien desde niño sentí una particular afinidad y cercanía, como si fuera una segunda madre, al verme un tanto perdido, cariñosamente me explicó lo que podríamos llamar un “mapa interpretativo del vivir”.

Como corresponde a un preadolescente, calmada mi ansiedad y desconcierto, se me olvidaron casi todos los consejos de la tía Pastora. Pero hubo una consideración que siguió martillando mi mente hasta el día de hoy, como un cuestionamiento insatisfecho y doloroso.

No esperes que todos los días sean alegres y perfectos, porque, en la vida, por cada día de felicidad –así me dijo– hay cien días grises, comunes, pesados, aburridos o tristes...

Ciertamente que mi querida tía no pretendía hacer estadística, ni tampoco trasmitirme una visión negativa de la existencia. Por el contrario, al verme sufrir por algo que no acababa de entender, cariñosamente intentaba prevenirme contra la utopía de creer que la vida debía ser, tenía que serlo, un agradable camino de felicidades. Al fin de cuentas, en su experiencia, la vida le había enseñado que en ocasiones es dolorosa y difícil... Y ciertamente lo fue para ella, cuando mi abuelo, su padre, murió cuando ella era niña. A esa temprana pérdida le siguió la inseguridad económica, las dificultades para poder estudiar, el trabajo, las limitaciones, las frustraciones… Sin duda, quería prevenirme del
autoengaño y enseñarme que la adolescencia es la etapa en que se debe aprender a separar los sueños de las
realidades…

Pero, ¿por qué tenía que ser así la existencia? ¿Por qué tan mezquina? Parecería que nuestros esfuerzos son apenas
recompensados en un 1%... ¿Por qué la felicidad resulta tan poco alcanzable?

Una de las primeras cosas que escuché en mi vida, de boca de mi madre, mientras me vestía cada mañana, fue “En el nombre del Padre…”. Pero, si Dios era Padre, ¿por qué, como a Moisés, primero me arrojaba al abandono del río o del desierto, antes de mostrarme su rostro de felicidad?

¿En esto consiste la condición humana? ¿Tenía razón Voltaire cuando afirmaba “la felicidad no es más que un sueño
y la desgracia una realidad”?

¿El ser hombre, el ser un buscador de la felicidad, no es sino un engaño en el camino hacia la muerte? ¿Y las profundas experiencias humanas, el amor, la satisfacción, la euforia, la amistad, el sereno reposo en lo placentero, son sólo engaño, apariencia, flor efímera que se lleva el viento de la vida?

Nuestro Creador, el causante de que estemos en esta “aventura” del vivir, ¿no es entonces un ser amoroso y compasivo, un ser que nos comunica su bien, un ser que nos invita al amor recíproco? ¿A qué vino entonces cuando llegó a compartir nuestra existencia? ¿A burlarse de nosotros? ¿A sufrir, como si esa fuera la “experiencia” que le faltaba?

Sin duda, Dios es un misterio. Y no puedo entender todos sus designios. Pero, mirada desde lo superficial e inmediato, la experiencia humana también es un misterio; tiene mucho de oscuridad. Y sólo desde el interior del hombre, por la inteligencia o por la fe, es posible encender una luz…. Ése es el objetivo de estas páginas.

Un día de felicidad es como recibir ese día la visita de Dios. Pero, ¿qué hace los demás días?

Tal vez, simplemente nos tenga entre sus brazos…, sin dejarse ver.

    Autor: Aldo Fídel Gómez
    Editorial: Palabra Ediciones
    ISBN: 9786074593167
    Encuadernación: Rústica
    Páginas: 144
    Formato: 21x13.5cm

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